
(Chagall)
cuarenta años después y la eterna escena.
El temporal de agua y viento arremete contra la casa,
tiemblan las ventanas,
se va la luz,
yo meto hasta el curuto de la cabeza entre las sábanas,
y permanezco con el oído atento,
sé los pasos que dará mi madre el resto de la noche;
se levantará de la cama,
encenderá una vela,
y subirá al fayado cada cierto tiempo,
a vigilar que el viento
no remueva las tejas para llevárselas volando.
(ay, madre mía, yo estaba convencida de que tú podías impedírselo!)



