28 abr. 2005

metida padentro



ya entiendo esa tendencia a guardar un cierto equilibrio inestable. Ni de pie, ni sentada, en la punta de un pie o en la del otro, los brazos también parecen sostenerme.
Sigo manteniendo el peso repartido por todo el cuerpo sin lograr un punto de gravedad fijo en el que sostenerme.
Lo cierto es que no tengo noticias de haberme caído de la silla.