24 jul. 2004

A mi amado (una abstracción)

Sonríe tú también.
Te escucho en esta habitación
y te siento sin distancia.
Algún día nos volveremos a ver.
Hablaremos.
Después de la muerte nos volveremos a ver.
Viajaremos
por cielo e infierno
sin quedarnos en ningún lugar.
Viajeros incansables,
seremos los emisarios de aquellos que se asienten a cada lado de la balanza.
Nuestras raíces seguirán en la tierra, pero nos veremos reflejados
en el delirio del Océano.
Tú, el que sabe sonreír,
sé todavía mi amigo.
Yo te buscaré en cada calle de París.

2 comentarios:

manuel_h dijo...

Lo dejas para muy tarde, demasiado, claramente.

Anónimo dijo...

Será tarde, como dice Manuel, pero dispondrás de toda la eternidad. ¿Qué más se puede pedir ?
Un abrazo eterno de Muralla