13 jun. 2004

Una mujer, un voto.

Sin creer en absoluto en todo este tinglado de unión europea representado formalmente en su parlamento democrático, iré a votar. Me siento ya una funcionaria del voto porque no votaré por una opción política, votaré contra otra opción política. Esto es lo más triste. En esto veo que me hago mayor, ya no me manifiesto por lo que pienso, que estaría mejor representado con un pasar de largo y la abstención, me manifiesto políticamente con una papeleta que, a modo de conjuro, frene la proliferación de los malos espíritus. Esos que entran aprovechando períodos de calma, de apertura y de tolerancia; y luego se instalan, cerrando puertas y ventanas, paulatinamente, hasta viciarnos el aire que respiramos.

En contra de eso votaré.

(Diálogo absurdo que escuché el otro día después de sobrepasar por la acera a dos forzudos guardaespaldas:
Conversador nº 1.- Oye, y Marianito qué tal?, ya tiene exámenes?
Conversador nº 2.- (pasan unos segundos para meditar la respuesta)Marianito...Marianito...estuve el otro día en la fiesta del colegio...y Marianito... está encantao!!.
No me enteré de cómo continuaba la interesante conversación porque iba con prisa y ellos iban dándole patadas al aire, envarados y mirando las copas de los fresnos.)

1 comentario:

Anónimo dijo...

Parece ser que de alternativas tenemos pocas sino resistir y esperar.
Tal vez de esta situacion nazcan nuevas ideas, quien lo sabe?

Juan Pantano.