13 sept. 2007

era así?


La vivencia real de un sueño se produce en el momento justo del despertar, pero se disuelve enseguida, con la primera cucharilla de azúcar en el café. O lo disolvemos una vez que ha cumplido su función liberadora. El de esta noche, sin embargo, me sigue persiguiendo; o lo que queda de él, porque entre lo que soñamos y lo que contamos media el lenguaje, y éste, por mucho que neguemos, siempre se da hacia la galería.
Veamos.
Era un hotel, en mi cabeza yo estaba en un hotel, de mañana, a la hora de desayunar. Había mucha gente alrededor del buffet pero yo buscaba la cafetería para tomar un café con un bollo. Como dudaba entre varias puertas, un camarero, la mar de amable, me prestó sus gafas para que leyese los rótulos. Leía menos aún y opté por sentarme en una mecedora de mimbre. Enfrente se abría un patio de cemento en el que patinaba mi hijo, no sé cuál de los dos, pero todavía era niño. El suelo tenía una ligera inclinación, a mi lado se sentó un chico con un aire entre Venicio del Toro y Eduardo Noriega. Se le veía con intención de ayudarme en algo, me daba conversación y yo deseaba que me dejase en paz. Entonces, un hombre extraño, con pinta de testigo de jehova, apareció en el patio y tiraba de mi hijo para llevárselo. El chico que se parecía a Venicio del toro y que permanecía a mi lado, en un momento se abalanzó sobre él, mi hijo se zafó y vino corriendo a sentarse en mi regazo. Yo sentía sus brazos alrededor de mi cuello, y como seguíamos meciéndonos y el suelo estaba inclinado tuve que abrir los ojos en sueños para que la mecedora no voltease.
Cuando los volví a cerrar había tres amigas conmigo, nos disponíamos a salir del hotel, pero para entonces ya estaba dentro de mi casa, miré el suelo, me fijé en que estaba negro, pegajoso, como no quería dejarlo así les dije a ellas que se adelantasen, que yo limpiaría un poco y las seguiría después.
Entré en la cocina, el suelo estaba completamente cubierto de chapapote, y en el medio había como la sentina de un barco. Levanté la tapa pringosa y pesada y descubrí un pozo con un líquido negro, espeso. El suelo seguía inclinado, y tuve miedo de caer y ahogarme dentro porque nadie me oiría gritar. Aquello me superaba. Lo fui tapando con mucho cuidado. A pesar de todo no me manchaba. Y lo tapé.

sólo lo tapé.

después me dejé llevar por el sueño y alcancé la desembocadura de un río. Con un puente, un puente de arena que me proponía cruzar.

3 comentarios:

ybris dijo...

Lo de hoy es muy difícil.
Entre chapapote y puente me quedo con el puente.

Un beso

manuel_h dijo...

a mí me gusta acordarme de los sueños, incluso de las pesadillas, porque ya pasaron, y los demás... porque sí, y también es genial dejarse llevar por el sueño...
y sin embargo, rarísima vez los recuerdo.

besosss

thirthe dijo...

parece que se vive el doble, cuando se sueña, ésa es la sensación que me queda siempre. Yo sueño por temporadas, de lo más extraño a veces. Me gusta soñar, aunque a veces lo pase mal, me gusta.

besos-besos