6 feb. 2007

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además de lucir unas cejas más pobladas, herencia del post anterior, entre los cambios externos de mis cincuenta también está el pelo, un rizado ligero que ya había lucido en los (no míos)ochenta. La misma onda en puntos diferentes. No está mal. A romper en la playa vamos. Pero lo que me pasa con el rizo es que mientras no me acostumbro, por momentos me descubro como una extraña, y no respondo del todo como yo.
Así estaba el otro día en el super delante de la cajera, pasando las cosas del carrito a la cinta, cuando una mujer que venía detrás y traía sólo un tubo en la mano me dice "te importa que pase esto antes?" yo me la quedo mirando y con el rostro ausente digo "no", apoyo los codos en el arco detector (de qué?) y espero.
La cajera me mira
Yo miro a la mujer
Veo que sigue en la misma posición, con el tubo en la mano, y sus mejillas tomando un leve color rojo.
Vuelvo a mirar a la cajera, y cuando ésta va a echar mano a mis cosas empiezo a entender.
no iba a pasar ella antes?
da igual, dice la mujer mostrando de nuevo el tubo, sólo era esto, pero si te importa sigue tú.
qué hago?, qué digo? cómo que me importa? pienso, cómo le explico que dije que NO, que NO ME IMPORTABA que pasase, no que NO la dejaba pasar? se puede explicar este rebumbio en unos segundos cuando segundos antes la has dejado volada y te has quedado tan ancha?
Se puede explicar, con mi otro pelo, en un gesto y cuatro palabras lo podría explicar, pero me metí debajo de mis rizos que me sirvieron de paraguas, le dije con el tono más distante que pasase, que había entendido mal. Y se acabó.