6 abr. 2006

Berger, berger...

...La retórica de los dirigentes políticos de hoy no está al servicio de la construcción ni de la conservación. Su objetivo es desmantelar. Desmantelar la herencia social, económica y ética del pasado y, especialmente, todos los mecanismos, asociaciones y normas que expresan solidaridad.

El Fin de la Historia, que es el lema empresarial de la globalización, no es una profecia, sino una orden de borrar el pasado y su herencia en todas partes.El mercado necesita que cada consumidor y cada empleado esté abrumadoramente solo en el presente.

Ningún electorado está preparado todavía para aceptar ese desmantelamiento. Y por un motivo muy sencillo. El acto de votar, sea en una elección libre o manipulada, es una forma de aunar recuerdos en apoyo de una propuesta de programa para el futuro. Nos encontramos aquí con la profunda contradicción entre la tirania del mercado mundial y la democracia, entre la llamada libertad de consumo y los derechos del ciudadano.

Por consiguiente, el proceso de desmantelamiento tiene que llevarse a cabo de forma disimulada y oculta. Y ésa es la primera tarea política del líder político actual. Por supuesto, también se está desmantelando su propio papel. Pero ellos ya han decidio ejercer, disfrutar y explotar sus poderes, aunque sea disminuidos, en vez de hacer frente a ninguna verdad universal. Eso es lo que explica su pragmatismo y su asombrosa falta de realismo...Ellos se dedican a mentir mientras los tratos se cierran en otro sitio.
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Esto decía John Berger, en el artículo de opinión de ayer en el País,a propósito de la actitud de Chirac - el gran comediante - ante las protestas que están sucediendo en Francia. Y yo pienso en los políticos de aquí. Y me fijo en esos que ahora se muestran como hidras porque se les ha caido la máscara del disimulo. La de tratos que habrán quedado sin cerrar...

a pesar de todo, nosotros no podemos renunciar a la política. De la que ellos se aprovechan. Y maltratan y destrozan.