9 may. 2005

frivolité/frugalité



No tengo mucha arte para arreglarme, ni poca siquiera; por eso cuando tengo que causar buena impresión externa(ya sea primera o segunda) en alguien, pongamos por ejemplo la tutora de mi hijo, echo mano de uno de los recursos que no me suelen fallar. Uno es ir con el pelo recién lavado (de paso, la cabeza se refresca para aceptar lo que venga); y otro es recogerme el pelo en un moño bajo y andar más derecha, con el cuello estirado, casi a lo institutriz de Torres de Malory, que es como me siento cuando así voy.

Para un encuentro formal cuela.

Y si me pongo algo de color en los labios, unos pendientes bonitos y un chal sobre los hombros, ya cuela para cualquier otro evento.

Sin embargo, decidme vosotras que haréis algo parecido, no os pasa que, cuando entráis en una tienda a comprar una hidratante, en cuanto la dependienta os observa el cutis para ofreceros la que mejor se adapta a vuestro tipo de piel, os sentís de pronto con esa cara legañosa que nos queda tras un mal sueño?

Entonces, como no le causes buena impresión y ella se ponga a hablar, puede amargarte el resto del día.

Oh, fragile vanité!!