
seguía preciosa ahora, ni el tratamiento de los últimos años doblegó su poderosa osamenta. Sufrió sin quejarse hasta que no pudo más y peleó por permanecer con su hija el mayor tiempo posible, aprovechando los mejores momentos para dedicárselos a ella.
es mi única hermana, mi hermana pequeña, la quería, la sigo queriendo, pude acompañarla en su final, encerrada ya en sí misma, vi como se fatigaba al respirar, sentí como se iba, como se relajaba, es muy delgada la línea entre el ser y el no ser, yo quería retener en la memoria sus rasgos, sus manchas, sus arrugas, sus lunares; también intentaba entender, pero no entendí nada.