29 jun 2004

Dos gardenias para ti.

Cuando algún vecino me cae bien desde el principio es que hay razones para ello. El gesto, la manera de andar, de saludarte o de sonreir, las cuatro palabras que cruzas con él en el ascensor, la sincera delicadeza con la que te espera en la puerta para que no se cierre, como gira la cabeza para mirarte adivinando antes de preguntar... Algunos vecinos tienen esa extraña facultad de ser entrañables, pocos, pero con uno o dos en la comunidad es suficiente.

Y hoy, hoy ha ocurrido algo que me llenó por un momento de gozo.

Aunque vivo en un quinto piso (seis con la entreplanta) no siempre subo en ascensor, si veo que está ocupado, y no llevo bolsas, echo a andar por la escalera; y eso hice esta tarde al volver de tai-chi, con el chándal y las zapatillas de deporte subía incluso un poco más alegre, ligera. Al llegar al tercero me encontré con él, estaba esperando el ascensor y llevaba una bolsa de plástico de color blanco en la mano; repitió el gesto de girar despacio la cabeza (desnuda esta vez, sin la boina que normalmente la cubre), sonrió y preguntó si volvía de hacer deporte, le contesté algo rápido para no pararme, y entonces abrió la bolsa y me dijo con toda naturalidad: toma, coge. Como una madre le ofrece una pieza de fruta a su hijo. Y eso pensé yo al mirar dentro. Cómo? Fruta blanca?? Antes de que mis ojos vieran, mi olfato reconoció un fondo de flores de gardenia. Con la cabeza, ahora yo, inclinada sobre la bolsa y mis ojos sonriéndole a él, tomé dos. Coge más! me dijo. No, muchas gracias, sólo dos, como la canción.
Intercambiamos alguna otra frase que no viene a cuento y subí el resto de las escaleras de dos en dos.

Vecinos así son un regalo para nosotros.

Dos gardenias para él.







17 jun 2004

Instantánea de verano

He dado con las sandalias perfectas.
Una suela plana
y unas tiras de cuero que envuelven el pie a modo de algas.
No se trata de un nuevo diseño.
Aparecían hasta en las ilustraciones de los diccionarios de latín.
Y nosotras, de pequeñas, las inventábamos con las cintas que el mar arrojaba a la playa. Las enlazábamos en el dedo gordo y después las íbamos cruzando hasta debajo de la rodilla. Duraban pocos pasos antes de deshacerse o romper.

Cuando desaparecen las referencias que un tiempo creíamos inmutables, nos asimos de manera arbitraria a imágenes cuya permanencia depende tan sólo de nuestra propia memoria. Y el verano es tiempo de sandalias.


16 jun 2004

Infierno de calor

No vi con mis ojos lo que ardió. No hace falta. Imagino que como las otras veces.

Todo y cada vez más dentro.

13 jun 2004

Una mujer, un voto.

Sin creer en absoluto en todo este tinglado de unión europea representado formalmente en su parlamento democrático, iré a votar. Me siento ya una funcionaria del voto porque no votaré por una opción política, votaré contra otra opción política. Esto es lo más triste. En esto veo que me hago mayor, ya no me manifiesto por lo que pienso, que estaría mejor representado con un pasar de largo y la abstención, me manifiesto políticamente con una papeleta que, a modo de conjuro, frene la proliferación de los malos espíritus. Esos que entran aprovechando períodos de calma, de apertura y de tolerancia; y luego se instalan, cerrando puertas y ventanas, paulatinamente, hasta viciarnos el aire que respiramos.

En contra de eso votaré.

(Diálogo absurdo que escuché el otro día después de sobrepasar por la acera a dos forzudos guardaespaldas:
Conversador nº 1.- Oye, y Marianito qué tal?, ya tiene exámenes?
Conversador nº 2.- (pasan unos segundos para meditar la respuesta)Marianito...Marianito...estuve el otro día en la fiesta del colegio...y Marianito... está encantao!!.
No me enteré de cómo continuaba la interesante conversación porque iba con prisa y ellos iban dándole patadas al aire, envarados y mirando las copas de los fresnos.)

2 jun 2004

"Claro, dejas la puerta abierta, como siempre"

Y tú claro que me conoces!!
Hay algo que me levanta dolor de cabeza, los portazos; y la puerta de mi casa tiene un mal cerrar que no te cuento. O la cierras cuidadosamente logrando dar con la presión adecuada, o recurres sin más al portazo; razón por la que unas veces queda pegada a las jambas, con la cerradura sin pasar, y otras arrimada o entreabierta. Cosa que de día tiene sus ventajas, si llama alguien y es de confianza pasa sin más; y si es un desconocido lo natural será que piense que estás a punto de salir o que acabas de entrar, insiste con el timbre y entonces te levantas, abres, sueltas las disculpas pertinentes dependiendo de quién y...cierras del todo.
Y cuando se queda abierta por la noche?? esto no suele suceder muy a menudo ni tan siquiera a menudo, pero aún así, siempre que pasa lo descubre mi vecina. Y el domingo pasado volvió a ocurrir. Entre sueños, escuchaba como alguien manipulaba la puerta sin atreverse a entrar, mi cabeza se lo atribuía a un sueño, miró el reloj, y a las ocho de la mañana se inclinó por el sueño. Pero la puerta insistía en su dale que dale cargante hasta que sonó timbre, entonces sí me desperté. A medida que me acercaba a la puerta iba tomando consciencia de la situación. Ya parapetada detrás, asomé la cabeza inclinada y medio cuerpo, y al otro lado, cómo no, amanecía mi vecina, "perdona, vi la puerta abierta y no sabía si habría entrado alguien". Qué situación y qué cara de boba la mía! Sé que va al hospital, ¿es correcto preguntarle ahora por su marido? Eso se piensa en medio segundo. No, mejor dejarlo para otro momento. Ahora, gracias, y a seguir durmiendo un rato más, esta vez con la puerta cerrada.
Ella volvería unas horas después y la pregunta que le iba a hacer estaba fuera de lugar.

Y yo...yo te conozco? A ver, de tres o cuatro puedes ser.......pues claro, tu!!!